para mi criminal.

lo que prometí conmigo misma es deuda. y así como que no me gusta quedarme debiendo cosas porque mis carlamidades internas variadas entran en conflicto y ahí es cuando me voy a la cresta. y buta así con las cosas, con esas cosas que tú creías que sólo las sentías con la boca, los ojos, las palmas de las manos o el corazón y luego te das cuanta que no, que puedes sentirlo en el lugar más recóndito de tu traje. y sí, que esas cosas las puedes sentir con tu vida. y así con no ser uno egoísta con sí mismo, con guardarse cosas que deberían ser gritadas, de quitarle importancia a algo, de bajarle el perfil. yo se lo subo, hasta donde la gravedad lo permita, porque, loco, la lleva. y, así como esperando la última rola, le espero acá, con muchas ansias como si fuese el primer momento.

el pasto es verde.

si yo algún día me muero, señor. si yo algún día me muero, piense en los metros bajo tierra, búsqueme en la guía de teléfono, señorito. si yo algún día me muero, señor, recoja los pedazos de luna, en una calle húmeda llame con un megáfono. me copia? me copia? si yo algún día me muero le cuento sobre la noche en que morí y cómo graznaba el terrible pájaro azul frente mi puerta.

QUE SE HAGA LA LUNA Y EL SOL.

68'

soledad lo que a mí me va.

nada que hacer en una tarde del 73'.

gracias a las casualidades inconexas de la vida y quizás a los ingenieros y diseñadores de interiores -específicamente de cocina- estoy aquí. aquí, sí. aquí. en esta condenada situación.

-escribo para nadie, pues no tengo nada que hacer.

es triste la vida para algunos, algunos como yo, salvo otros como él, el caballero que sale con el perro-con-chaleco y él con sus pantaloncillos muy a lo caszely. la vida es triste para algunos, esos que llegaron tarde a la repartición de vidas. y de este modo me encuentro aquí, como dije, en esta condenada situación, en la sala de adquisición de existencias aburridas.

palabras al escapar.

- ¿estás nervioso?

- no. no mucho.

- oye...

- dime, dime...

- algunos lugares son chistosos. en contraposición a otros lugares que, por lo demás, no son nada simpáticos.

- ¡verdad!

la cuestión del nombre.

"parecía salido de una lata de sardinas, pero de esas gigantes, más o menos de 1,90 metros, no sé si las conocen..." fue la manera en que solía yo describir a nuestro padre.
extraño , sí, lo es, y lo más difícil era encontrarlo cuando se extraviaba, en aquellas porteñas noches, sin ida ni vuelta, sin infinito ni mas allá. sólo ese tatuaje que tenía él en su brazo, que delataba una juventud lúdica, que decía "hooligans".
- parece salido de una lata de sardinas, pero de esas gigantes, más o menos de 1,90 metros, no sé si las conoce...- le repetía yo sin cesar a la señora pseudosorda del negocio de la esquina donde se cruzan todas aquellas irregularidades de la vida, todas esas mañanas siguientes a las celebraciones del cumpleaños permanente y eterno de mi tío, ese que era famoso por tragarse las aceitunas con cuezco. yo y mi rostro destrozado por la noche y mi no-sutil olor a licor bajo la luna húmeda en busca del ensardinado. el licor me recuerda al limón y el limón a los tragos con limón y eso me recuerda a nuestro padre. si eso parece bizarro más les parecerá el hecho de que nosotros, hermanos, nunca supimos como se llamaba [...]

uno.

el hecho de intentar encontrar el otro calcetín del par es una situación muy memorable. más aún si se desarrolla bajo la luz de la luna y si tu mano tiembla al escribirla. así uno siente el roce de la hoja en la parte lateral de su mano, esa que no sé cómo se llama. y como eres zurdo -sí, zurdo- vas corriendo toda la tinta con dicha parte y ahí la cosa se nos complica.

Y me acordé de tí pues.


cuando todo es un desastre y el calor hogareño no hace más que quemar mis piernas ahí entonces me acuerdo de tí. me acuerdo de mí llegando hacia tí y de tí así como mirándome a mí, así como que no quiere la cosa. y recuerdo de que sí, tengo extremidades y de que sí, factiblemente soy una persona. me acuerdo del contacto de mis pies descalzos por la escalera y mi mano empujando la puerta.

Vaticino que estarás ahí.


y me acuerdo de tí, leyendo desnudo sobre la cama y de yo pensando cómo reunir tu imagen hermosa y las gaviotas porteñas en un sólo poema.